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¿Quién se queda con el último centavo?
Todos saben que el dinero no va en float. Pocos sistemas decidieron qué pasa con el último centavo — que es de donde salen las discusiones reales.

Todos saben que no hay que guardar dinero en punto flotante. Menos sistemas decidieron qué pasa con el último centavo — que es de donde salen las discusiones reales.
Los tipos decimales son el piso. Las decisiones interesantes vienen después:
Las cuatro decisiones
Escala. Dos decimales para importes, pero los precios unitarios suelen necesitar más — y los impuestos calculados sobre precios redondeados dan totales distintos que los impuestos calculados primero. Eso es una regla de negocio, no una preferencia.
Dónde redondear en una cadena. Precio por cantidad, menos descuento, más impuesto, por tipo de cambio. Redondear en cada paso y redondear al final producen números distintos — y los dos son defendibles hasta que alguien los concilia contra otro sistema.
Dirección. “Medio para arriba” es el default común y no es universal: algunas jurisdicciones y algunos contratos especifican otra cosa.
Reparto. Dividir 100 en tres cuotas da 33,33 tres veces y sobra un centavo. Alguien se lo queda. Decidir quién — la primera cuota, la última, repartido — es una decisión; y si no se toma explícitamente, la toma por accidente lo que haga el loop.
Esa última es donde vi disputas reales. Porque la diferencia es un centavo, pero la discusión es sobre si se puede confiar en el sistema.
El hábito práctico
Todo cálculo que produce dinero recibe un test con los números incómodos, no los redondos: importes que no dividen parejo, descuentos que producen tercios, tasas con muchos decimales. Los números redondos pasan cualquier implementación — incluidas las incorrectas.
Y las reglas de redondeo se escriben donde vive el cálculo. Son requerimientos, y son los que nadie piensa en enunciar.